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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), declaró 2024 como el Año Internacional de los Camélidos. Este año llega el momento de celebrar, visibilizar y reconocer a esta familia animal. En su diversidad son un recurso de subsistencia esencial para millones de familias que habitan en entornos hostiles repartidos en más de 90 países. Entre estos, los pueblos indígenas, las comunidades locales del continente latinoamericano o el desierto del Sáhara.

La teoría señala el origen de los camélidos en América del Norte hace unos 50 millones de años. La evolución posterior de esta especie produjo dos géneros distintos: el género lama, que actualmente es nativo a lo largo de Los Andes, y se divide en cuatro especies: llama, alpaca, guanaco y vicuña. Y, en segundo lugar, el género camelus: dromedarios y camellos.

Tuaregs y dromedarios: una alianza que asegura el futuro

En el desierto del Sáhara, los tuaregs y los dromedarios han convivido en armonía durante años. Pero en la actualidad, las tradiciones nómadas de este pueblo bereber y las de los dromedarios se están perdiendo. Poco a poco, este pueblo se está haciendo más sedentario y en consecuencia, los dromedarios abandonan el desierto. Estos cambios suponen la pérdida de un modo de vida armonizado con la naturaleza, que reconoce su entorno, las plantas, las zonas de agua, las estrellas… Para cuidar de estos animales que son su principal fuente de proteína. Además, los dromedarios han sido tradicionalmente el principal medio de transporte de los tuaregs y de estos obtienen leche y ocasionalmente, carne. Por todo ello, los dromedarios pueden ser considerados aliados del pueblo tuareg para asegurar una alimentación sana. También son responsables de proteger el suelo sobre el que vive, el agua y el clima.

Además, los camélidos son esenciales en la lucha contra la desertificación porque desempeñan un papel clave en los ecosistemas áridos. Conocidos como «barcos del desierto» por su capacidad de aguantar sin beber agua hasta diez días, ayudan a mantener el equilibrio ecológico. Al alimentarse de plantas que otros animales no pueden consumir, los camellos evitan la sobrepoblación de ciertas especies vegetales que podrían de otro modo dominar y alterar la diversidad del paisaje.

Por otra parte, su capacidad para recorrer grandes distancias permite la dispersión de semillas a través de sus excrementos, fomentando así la regeneración vegetal en vastas áreas áridas. Esta regeneración es crucial para mantener la cobertura vegetal, que ayuda a prevenir la erosión del suelo y a retener la humedad, dos factores clave en la lucha contra la desertificación y estimulan la biodiversidad, que son algunos de los Objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Sembrando esperanza en 2024

En 2023 el mundo ha enfrentado desafíos humanitarios muy importantes. Desastres naturales como los terremotos en Turquía, Marruecos y Siria, las inundaciones en Libia, conflictos armados como la guerra en Palestina, la crisis climática que avanza imparable o la persistencia de la inseguridad alimentaria en muchas partes del mundo, subrayan la necesidad de una respuesta coordinada y sostenida a nivel internacional.

En estos tiempos, nuestro trabajo en CERAI es más importante que nunca. Trabajamos por la prosperidad de las zonas rurales, el respeto a los derechos humanos y un horizonte de paz. En 2024, seguiremos promoviendo prácticas agrícolas respetuosas con el medio ambiente, apoyando a la agricultura familiar y luchando por sistemas alimentarios justos y equitativos.

Que el año en el que entramos sea un año de cosechas abundantes, tanto en el campo como en nuestros esfuerzos colectivos. Que las fiestas nos inspiren para continuar con nuestra importante labor, llevando esperanza y apoyo a quienes más lo necesitan.

Mis mejores deseos,

Edurne Caballero, presidenta de CERAI.

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