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En la imagen, Ana Cecilia Funes García, de la comunidad San Nicolás, municipio de Cinquera, departamento de Cabañas.

Las mujeres rurales demuestran ser un agente de cambio en la sociedad salvadoreña. La mayoría de ellas sufre la sobrecarga de tareas en el trabajo productivo y reproductivo, lo cual tiene efecto en su capacidad de acceso a educación, conocimientos, información, recursos productivos y canales de comercialización.

A través de la Cooperación Internacional, desde CERAI trabajamos en la Microrregión Cuscatlán-Cabañas con la Fundación para la Cooperación y el Desarrollo Comunal de El Salvador (CORDES) en la promoción de las familias campesinas, basándose en el prisma de autosuficiencia y en la igualdad de roles y de derechos en las familias.

Ponemos el foco de manera especial en el apoyo a mujeres jefas de familia, que en muchos casos encuentran verdaderas dificultades para mantener sus granjas y producciones. Dentro de esta trayectoria de trabajo, hemos apostado por promover la avicultura familiar por su contribución a la seguridad alimentaria, la mejora nutricional y la diversificación de las fuentes de ingresos de las familias que las manejan.

Avicultura y Derecho a la Alimentación

La apuesta por la avicultura se fundamenta en varios motivos. Las aves de patio permiten a las familias obtener ingresos adicionales, que se pueden destinar a adquirir productos que no se producen en la finca (como sal y aceite), además de suponer un ahorro en casos de emergencia o ausencia de producción de hortalizas o de granos básicos. Desde el punto de vista nutricional, pueden constituir la única fuente de proteína de origen animal para la alimentación familiar. 

Por otro lado, las aves tienen mayor capacidad de resiliencia que otras especies mayores, como los bovinos, lo que les confiere gran importancia en la zona en la que se encuentran, que sufre grandes problemas de alteración de las estaciones lluviosa y seca. 

El modelo de granja avícola familiar y su manejo agroecológico

Desde CERAI y CORDES se ha apostado por implementar un modelo de granja avícola autogestionada dentro de un sistema de producción diversificado. Cabe decir que la iniciativa surgió en el transcurso de diagnósticos comunales como una petición de las mujeres, quienes solicitaron también recibir capacitación para el buen manejo. 

Paulina Pérez, de la comunidad Rosario Tablón, municipio de Tenancingo, logró mejorar su vivienda y cubrir gastos familiares gracias a los ingresos que obtiene con la avicultura.

El gallinero es una infraestructura básica levantada con materiales locales de construcción, como bloques, cemento, arena, madera y tela de gallinero. Cada mujer recibe 22 aves (20 gallinas y 2 gallos) para asegurar así la reproducción. Además, recibe un plan de capacitación que facilita los conocimientos necesarios para el buen manejo y desarrollo de la granja. El compromiso de cada mujer es entregar en el plazo de un año la misma cantidad de aves que recibió (22 aves de 10 semanas) a otra mujer de la misma comunidad, un trabajo que se coordina a través de la Asociación de Desarrollo Municipal (ADESCO) y la organización de mujeres del municipio. De esta forma se garantiza la sostenibilidad de la iniciativa y la participación de un mayor número de mujeres de la comunidad. 

Las pequeñas agricultoras, con quienes se implementa la diversificación de sus sistemas productivos, cuentan con una parcela de granos básicos, a la que se añade un huerto familiar cultivado con al menos 12 tipos de hortalizas, y el corral de aves de patio. Todas estas actividades son manejadas con técnicas agroecológicas que no solo son amigables con el medioambiente, sino que aseguran una sostenibilidad en los medios de vida rurales y una autonomía para la familia. 

Finalmente, el estiércol de las aves de patio es de gran utilidad para la elaboración de compostas o abonos orgánicos fermentados, como el bocashi, muy efectivo en la fertilización de cultivos en el huerto agroecológico. 

Acceso a mercados locales y ferias productivas

Los excedentes de la producción de huevos, carne y hortalizas de los huertos familiares tienen buena salida comercial a través de los mercados locales y las ferias productivas mensuales que se celebran en los cinco municipios de la microrregión Cuscatlán Cabañas (Suchitoto, Tenancingo, Cinquera, Tejutepeque y Jutiapa), que cada vez son más populares entre las personas consumidoras. De este modo, las familias productoras están logrando mejorar sus ingresos y están contribuyendo a mejorar el ejercicio del derecho a una alimentación sana y sostenible en la región.  

Artículo original publicado por Jorge Argueta Rivas. Responsable de proyectos de CORDES, y Javier Rodríguez. ex-coordinador de proyectos de CERAI en El Salvador, en la revista Ae – nº38 de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE).
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