CERAI

“Más que potenciar el comercio justo, hemos de presionar para que el sistema sea justo”

El Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI) organizó ayer un diálogo para dar a conocer a la población valenciana los resultados de una investigación periodística que coloca el foco en las zonas productoras de café y caña de azúcar en El Salvador. Esta recoge el impacto de los modelos agroindustriales en las comunidades rurales, el acceso al agua, la biodiversidad y la seguridad alimentaria. Asimismo, también visibiliza las alternativas que ya se están impulsando desde el propio territorio. Este trabajo periodístico, impulsado desde la organización, ha sido desarrollado por las periodistas  Laura Villadiego y Aurora Moreno, periodistas del colectivo de Carro de Combate. Y se ha materializado en dos reportajes: uno en Climática y otro El Salto Diario.

El encuentro, desarrollado en el Colegio Mayor Rector Peset de València y moderado por Iñaki Liceaga, responsable en CERAI de proyectos de cooperación para América del Sur, Central y Caribe, contó con la presencia, entre otros, de Enric Asensi, presidente de la Coordinadora Valenciana de ONGD.

Es una realidad que los sistemas agroalimentarios no garantizan la soberanía alimentaria de la población. También es una realidad que es necesario continuar trabajando a nivel global para alcanzar una transformación de estos sistemas para que sean más sostenibles y justos. Esto sobrevoló todo el diálogo ‘Dulce para el norte, amargo para el sur’, dirigido a enfocar la cara oculta de aquellos alimentos que llegan a nuestra mesa. “Porque no nos interesa solo el alimento. Nos interesa la parte social del alimento”, señaló en su presentación Iñaki Liceaga.

La agricultura es una actividad productiva clave en El Salvador. Los principales cultivos en el país son: maíz y frijol (ocupan el 55% de todo el territorio cultivo); café (18%) y caña de azúcar (12%). Aunque estos últimos representan una porción menor del total de cultivos, el café y la caña de azúcar han sido los protagonistas de esta investigación. “Claramente porque son los principales cultivos de exportación de El Salvador. Es importante visibilizar, exponer cómo se producen los productos que consumimos aquí, en esta parte del mundo, así como el impacto social y medioambiental que estos tienen”.

La periodista contó cómo a principios de los 2000, la población salvadoreña comenzó a tener problemas con el cultivo de la caña. “Este interrumpió la vida que llevaban”, destacó Aurora Moreno. “Los herbicidas como el glifosato que desde entonces aplican a la caña también afecta al resto de plantaciones. Los frutos maduran rápido, pero no son aptos para el consumo”.

Todo este panorama suma a la incertidumbre política del pueblo salvadoreño, llevan cuatro años en estado de excepción, una importante incertidumbre económica. Los pequeños productores y productoras tienen serias dificultades para vender sus productos que consiguen salvar de sus cosechas.

“Y por si no fuera suficiente, el glifosato está provocando graves problemas de salud en la población de las comunidades rurales. Desde hace unos seis años empezaron a registrar muertes por insuficiencia renal. El glifosato, dicen, «se te mete en los riñones”.

Ante la pregunta de cuáles son las alternativas, Laura Villadiego llamó la atención sobre varios modelos, pero especialmente incidió en cuál es el problema principal. “Es todo un sistema. El cambio no está solo en manos de las personas consumidoras ni de las comunidades locales. Más que potenciar el comercio justo, hemos de presionar para que el sistema sea justo”.

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