La Escuela de Formación Agroecológica del Papaturro, ubicada en el distrito de Suchitoto (Cuscatlán norte), se ha convertido en dos años en un espacio formativo de referencia para la población. Y especialmente, ha tenido un impacto significativo para las mujeres del territorio que han incrementado su autonomía y han fortalecido su liderazgo dentro de la comunidad.
En este centro de enseñanza y formación práctica, familias de diversas comunidades aprenden a producir sus propios alimentos desde un enfoque agroecológico que integra métodos naturales y sostenibles de producción. El modelo “aprender haciendo”, impulsado por Fundesyram, contraparte local de CERAI en El Salvador, abarca todo el proceso de cultivo desde la preparación del suelo y la selección de semillas, hasta la cosecha, el manejo postcosecha y la comercialización de los productos.
El espacio formativo está dirigido a mujeres, hombres, jóvenes e infancia, y fomenta así, la participación equitativa y el trabajo en equipo, tanto a nivel comunitario, como en las familias productoras. El equipo técnico facilitador, liderado por Israel Morales, brinda acompañamiento constante, proporcionando asistencia técnica y orientación para la resolución de problemas que surgen durante el proceso productivo.
“La premisa es sencilla, en un proceso de formación que ha durado 2 años, con una jornada quincenal, se han tratado cada uno de los temas del currículo formativo con el propósito y compromiso de que las familias lo pongan en práctica en sus parcelas productivas diversificadas”, destaca Morales.
Este espacio nace en el marco del proyecto Fomento del desarrollo humano sostenible en 5 comunidades de la subcuenca del Río Quezalapa mediante sistemas de producción agroecológicos y protección de los recursos hídricos, financiado por la Generalitat Valenciana.
Entre los logros principales de este espacio de formación cabe destacar la transmisión de conocimientos. También la instalación de parcelas diversificadas en las cinco comunidades de Suchitoto, con más de 70 familias implicadas, que además de generar seguridad alimentaria, han generado ingresos extra para sus familias.
Después de dos años de formación continuada, el alumnado participante se ha convertido en “extensionista comunitaria en agroecología”, título que les facilitará compartir lo aprendido y ser referentes comunitarios en la transición agroecológica.
Y entre los conocimientos más reseñables, el alumnado ha aprendido, por una parte, conocimientos sobre la diversificación de cultivos, integrando el cultivo de hortalizas, aromáticas, frutales, medicinales, con la producción pecuaria. Y por otra parte, al alumnado le han sido muy útiles las prácticas agroecológicas implementadas como: la elaboración y aplicación de abonos orgánicos, el uso de foliares naturales, la preparación de insumos necesario para el control de enfermedades y desequilibrios, la dosificación y el análisis técnico a partir de la experimentación campesina o la reutilización de aguas residuales, entre otras.
La escuela y la implementación de las parcelas diversificadas en la zona han tenido un impacto social y comunitario identificable. “Por un lado, en el empoderamiento de las mujeres, brindándoles acceso a recursos productivos y al conocimiento, y, por otro lado, el desarrollo humano al que ha contribuido transformando un modelo de producción convencional y la mentalidad que lo sostiene”, señala Nerea Izaguirre, técnica expatriada de CERAI en EL Salvador.
Asimismo, ha contribuido considerablemente a la soberanía alimentaria de las familias productoras y a la generación de ingresos o a la rentabilidad de la producción agropecuaria junto al posicionamiento de la agroecología como una alternativa productiva.