Cuentan que durante la guerra de Independencia, el campesinado cubano se unió a las tropas libertadoras comandadas por el Generalísimo Máximo Gómez. En 1898, los mambises casi derrotaron al fatigado ejército español, pero su gloria fue truncada por la intervención de las tropas norteamericanas. Los soldados extranjeros comenzaron a llamar “war heroes” a los luchadores cubanos, que el oído nacional decodificó como “guar-jiro”, un término que ha perdurado en la historia de la isla.
Hoy, más de un siglo después, esa resiliencia del guajiro se refleja en las calles de Cuba. Calles vacías de carros (coches), gasolineras cerradas o colapsadas y tiendas donde los precios suben mientras los cubanos intentan adaptarse a la escasez. El funcionariado solo es útil para quienes pueden caminar hasta su puesto de trabajo, y la rutina diaria transcurre bajo un sol implacable y un silencio atronador, donde cada desplazamiento y cada compra se convierten en actos de supervivencia.
A pesar de todo, la vida encuentra sus grietas de esperanza: en largas filas se forjan amistades, en mercados improvisados surgen acuerdos y estrategias de resistencia, y la creatividad, y el optimismo de la población mantienen viva la posibilidad de una cotidianidad que desafía la escasez. Así, la historia del guajiro no es solo un recuerdo : es la metáfora de una Cuba que sobrevive, adaptándose y resistiendo, incluso a oscuras.
Cauto Cristo (Granma) en la zona oriental cubana
Entre 2024 y 2025, los habitantes del municipio de Cauto Cristo, provincia de Granma, miraban al cielo y pisaban la tierra con desconfianza. La secuencia de eventos fue digna de los más impactantes filmes sobre los fenómenos meteorológicos extremos.
Primero llegó la tormenta tropical Óscar, en octubre de 2024, que provocó inundaciones, derrumbes parciales y daños importantes en los cultivos, especialmente en el café, todo ello soportado estoicamente pese a un déficit de electricidad del 49% en el municipio.
Luego, en diciembre del mismo año, un terremoto de magnitud 6.7 en la escala Richter a una profundidad de 10 km, causó serios daños en las instalaciones telefónicas y derrumbes ocasionales en viviendas Los reportes de los habitantes más ancianos confirman que fue el seísmo más fuerte conocido hasta la fecha.
Y otra vez, en octubre de 2025, el huracán Melissa tocó tierra en Cauto Cristo con vientos sostenidos de 195 km/h. Tras seis horas de azote, dejó un rastro de destrucción, afectando a más de tres millones de personas en cinco provincias del oriente cubano. La red eléctrica colapsó por completo durante unos 15 días y muchas comunidades quedaron aisladas debido a las inundaciones provocadas por el río Cauto, el más largo de Cuba. A fecha de hoy, se continúa evaluando el daño a los cultivos y repartiendo la ayuda internacional de emergencia, un proceso gravemente afectado por la casi inexistencia de combustible en el país.
Como si no fuera suficiente, el impacto del huracán se produjo en un contexto epidemiológico complejo, marcado por la falta de medicamentos (principalmente a causa del bloqueo impuesto por Estados Unidos) y el aumento sostenido de enfermedades transmitidas por vectores: dengue (también hemorrágico), chikungunya y oropouche, combinadas con brotes de hepatitis y leptospirosis. Ante esta situación, las acciones de vigilancia entomológica son de vital importancia y se mantienen gracias al esfuerzo de los especialistas cubanos, pese a que la crisis multisistémica que atraviesa el país en los últimos años genera presiones significativas sobre la permanencia y estabilidad de los programas y servicios de salud dirigidos a la población.
Campesinos de Cauto Cristo junto a CERAI y ANAP
Todo lo acontecido, en los peores escenarios posibles, no ha disminuido la capacidad resiliente del campesinado cubano. Muestra de ello son los 706 agricultores y agricultoras que han sabido sobreponerse contra viento y marea, nunca mejor dicho; colaborando activamente en el proyecto Fortalecimiento de las potencialidades territoriales para el desarrollo local sostenible y participativo del municipio, financiado por la Generalitat Valenciana en su convocatoria de 2022.
Desde CERAI y ANAP se ha trabajado con las comunidades para optimizar las potencialidades del territorio mediante la elaboración de planes de acción de género en las cuatro cooperativas beneficiarias, así como la inclusión de la perspectiva de género en la Estrategia de Desarrollo Municipal (EDM).
El resultado más visible de este esfuerzo ha sido la incorporación de 12 emprendimientos agropecuarios liderados por 84 mujeres campesinas, priorizando sistemas productivos de ganado menor e integrando sus servicios a la comunidad en áreas como: atención a semilleros y producción de posturas; alimentación y manejo de animales menores; lombricultura y producción de materia orgánica; siembra y cosecha de frutas, hortalizas y verduras; producción de oleaginosas; procesamiento de productos en la minindustria; y trabajos complementarios en el taller de carpintería (minindustria y taller fortalecidos por el proyecto).
En otras palabras, se ha incrementado la presencia del sector femenino en las labores agrícolas, lo que se traduce en mayor autonomía, empoderamiento económico y posicionamiento en los espacios de decisión comunitaria. El número de asociadas, miembros de juntas directivas y usufructuarias ha pasado del 13 % en julio de 2023, al inicio del proyecto, al 33 % en diciembre de 2025, al cierre del mismo.
Cuando el huracán Melissa atravesó la zona de intervención, causó daños en más de 40.000 hectáreas de cultivos, principalmente de plátano y hortalizas, lo que limitó la disponibilidad y el acceso a la dieta básica de la población.
Sin embargo, hasta inicios de octubre de 2025, la producción total de viandas, hortalizas, granos y frutas de las cuatro cooperativas alcanzó las 7.279,20 toneladas, lo que supone un incremento del 14,22 % respecto a 2023, con un impacto positivo en el acceso de la población a una dieta más sana y variada.
De igual modo, se consolidó la conservación de semillas en silos fabricados en las propias fincas y se contribuyó al rubro de carne de ganado menor mediante la elaboración de pienso criollo. Esto se refleja en un aumento del 77,30 % en la producción de carne ovino-caprina, porcina y avícola para las cuatro cooperativas.
En Cuba, la seguridad y soberanía alimentaria es un tema de alta prioridad nacional. Aunque el contexto para alcanzarlas es complejo, nuestra contribución ha garantizado el compromiso social de las cooperativas con los grupos más vulnerables, atendiendo escuelas, casas materno-infantiles, hospitales y residencias de adultos mayores. Para la población en general, esto no solo asegura la alimentación básica, sino que también dinamiza la economía del territorio y genera nuevos empleos, incentivando especialmente a jóvenes y mujeres a permanecer en sus comunidades y no emprender el camino de la emigración.
Asimismo, como es propio del trabajo conjunto de CERAI y ANAP, se sentaron las bases para una verdadera transición agroecológica a nivel local, mediante la conformación de un grupo de extensionistas bajo la metodología CaC “finca a finca” y la formación de 140 campesinos (el 22,24 % mujeres) en sistemas de producción agropecuaria sostenibles. En sus fincas, rescataron, aprendieron y pusieron en práctica un promedio de 50 técnicas agroecológicas.
Actualmente, las graves afectaciones de combustible y los cortes en suministros básicos (electricidad, agua y gas) reducen la capacidad de los agricultores para realizar sus tareas cotidianas y, por ende, alargan el camino hacia la seguridad y soberanía alimentaria deseada. Se trata de condicionantes fuera de nuestro control e imposibles de solucionar únicamente mediante un proyecto de cooperación.
Sin embargo, con la ejecución, gestión y seguimiento de esta iniciativa, estamos contribuyendo al posicionamiento de cuatro cooperativas agropecuarias (706 personas beneficiarias directas) en el mercado local, mediante el fortalecimiento de la cadena producción-transporte-comercialización y del sistema alimentario local, gracias a los equipos agrícolas adquiridos, el aprendizaje generado y una red de servicios intercooperativos consolidada. Todo ello se traduce en un incremento del 10,54 % en los ingresos anuales y del 123,75 % en las utilidades de los cooperativistas al cierre de 2025, mejorando notablemente la calidad de vida de este colectivo.
Y como la palabra “crisis” en Cuba siempre significa una “oportunidad”, todo el conocimiento compartido durante el proyecto sobre medidas de mitigación de riesgos climáticos, basadas en prácticas agroecológicas, así como los equipos agrícolas transferidos, también nos han servido para fortalecer la cohesión territorial, apoyando las tareas comunitarias de restauración tras el paso del huracán Melissa.
En otras palabras, los guajiros y las guajiras de Cuba nos enseñan que la resiliencia no es solo adaptación y recuperación, sino también solidaridad, creatividad y mucha dignidad. Y eso no es un futurible: es la realidad.