CERAI

Las cicatrices del fuego en las vidas de las indígenas bolivianas: reportaje que aborda cómo los incendios amenazan su economía, alimentación y salud


El Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI), ha impulsado una investigación realizada por el equipo de Carro de combate. El objetivo de esta: radiografiar cómo el actual modelo alimentario arrasa los bosques de Bolivia. Y a partir de esta investigación, el equipo de periodistas de Carro de Combate ha realizado una serie de reportajes, uno de ellos Las cicatrices del fuego en las vidas de las indígenas bolivianas, publicado recientemente en el diario El País. En este las periodistas profundizan en el grave impacto de los incendios en la economía, la alimentación y la salud de las comunidades indígenas. También recoge cómo son las mujeres indígenas las que lideran una movilización y una lucha diaria contra los incendios forestales.

Este proyecto periodístico desarrollado por Laura Villadiego y Aurora Moreno aproxima al lector/a a la devastación sin precedentes sufrida por Bolivia debido a la desaparición de los bosques cuyas tierras son empleadas para el cultivo agrícola. Se estima que los múltiples incendios sufridos en el país en 2024 (afectaron entre 10 millones y 12 millones de hectáreas de superficie arbolada), pueden estar relacionados con las quemas autorizadas para preparar los suelos para la siembra y el pastoreo.

Durante meses, el equipo de Carro de Combate ha indagado en terreno cuáles han sido las principales causas y en este reportaje en concreto, aborda cómo afecta a las comunidades indígenas, especialmente a las mujeres que ven gravemente afectado su forma de subsistencia.

“El fuego se ha utilizado históricamente en Bolivia para deforestar el bosque. Lo hacían y lo hacen las comunidades originarias siguiendo algunos criterios muy básicos: en terrenos pequeños, de menos de una hectárea, quemando sólo después de las primeras lluvias, y con un control estrecho sobre el fuego. El problema, explica Ignacia Supepí, bombera de primera línea en la comunidad de Río Blanco, es que en las propiedades privadas, las superficies aumentan. “Piden autorización para quemar, pero a veces las tierras tardan meses en terminar de quemarse, y como no hay vigilancia, se descontrola y llega a otras zonas. La mayoría de estas quemas son para agricultura o ganadería y son deforestaciones grandes, de 500, 1.000 o hasta 3.000 hectáreas”.

Desde CIPCA (Centro de Investigación y Promoción del Campesinado) en Santa Cruz, aseguran que las comunidades se ven afectadas económicamente por la pérdida de especies como el cusi y el copaibo, árboles que dan frutos con numerosas propiedades medicinales.

 

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