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Construir gallineros en el Sahara: reto conseguido que favorece la seguridad alimentaria de la población refugiada

Lo que parecía un desafío imposible en el desierto se ha convertido en una realidad: construir gallineros en el Sahara es un logro clave para fomentar la seguridad alimentaria de la población refugiada en los campamentos.

En menos de cuatro años, el Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI) ha construido 40 gallineros. Cada uno cuenta con una dimensión de 2,4 metros, y para empezar, se han proporcionado a las familias cuatro gallinas y un gallo. Así, un total de 40 familias de Dajla y El Aaiún han recibido 160 gallinas y 40 gallos criollos locales adaptados al desierto. El fin último: que puedan desempeñar una actividad avícola junto a la agrícola.

La existencia de un gallinero en cada familia tiene un impacto muy importante en su alimentación. El consumo de proteína y grasa animal complementa su dieta a base de productos frescos del huerto. Esto ayuda a enfrentar la crisis alimentaria crónica y de emergencia, caracterizada por la dependencia casi total de la ayuda humanitaria. 

Y es importante destacar que cerca del 90% de la población refugiada saharaui es vulnerable ante la inseguridad alimentaria o sufren de la misma, según el Plan de Respuesta de los Refugiados Saharauis (2024-2025) que desarrollan agencias de Naciones Unidas y ONG.

Para el éxito de esta actividad, impulsada en colaboración con la ONG Africa 70, la Dirección Central de Veterinaria del Ministerio de Salud Pública y el Ministerio de Desarrollo Económico, se han diseñado hasta tres modelos de gallinero. El primer prototipo era de madera y tenía la desventaja del coste. Además, la madera es difícil de desinfectar si aparecen enfermedades en las aves; el segundo prototipo era más robusto, construido con adobe y pudo perfeccionarse bastante, pero era todavía necesaria su optimización; y el tercer y último prototipo cuenta con las características suficientes para ser viable.

El objetivo a la hora de crear el gallinero más idóneo es garantizar la mejor calidad de vida a las gallinas y facilitar a las familias el manejo de los animales. Más adelante, estas familias dotarán de ejemplares a nuevas familias y estimularán la replicabilidad de la iniciativa.

“El gran reto ha sido construir un gallinero capaz de resistir las inclemencias climáticas y los peligros del desierto -gatos, perros, serpientes o hurtos- y, al mismo tiempo, ser suficientemente aireado y fácil de limpiar para evitar la proliferación de enfermedades”, destaca Mohamed Embarec, técnico expatriado de CERAI.

La Dirección Central de Veterinaria del  Ministerio de Salud Pública ha desarrollado una serie de diversas formaciones enfocadas en alimentación, veterinaria, o comportamiento animal y también ha confirmado el éxito de la actividad.

“Las familias están enormemente satisfechas y la iniciativa ha generado motivación para que muchas otras familias quieran contar con su propio gallinero, fuente de proteína y grasa de alta calidad”, destaca Embarec.

La iniciativa de creación de los gallineros se ha realizado en el marco de diversos proyectos financiados por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

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